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17/11/09

Canes climáticos

La cultura popular es capaz de interpretar fenómenos naturales con una total ausencia de cientifismo, pero con una sencillez que logra llegar a todo el mundo, independientemente de su nivel de estudios. Se puede explicar el clima de diferentes partes de España, desde el benevolente y húmedo clima del Cantábrico hasta el bochornoso ambiente del valle del Guadalquivir, mediante la observación de estampas comunes, como por ejemplo, por la actitud de los perros. Así lo hacían nuestros abuelos:


""En el Norte el perro que te encuentras se levanta, corre y ladra.
El perro de Castilla se levanta, ladra, pero no corre.
El perro de Toledo, aunque mueve la cabeza, no se levanta.
El perro del Sur abre un ojo, ¡uno sólo!, lo cierra y se vuelve a dormir.""

(BAZIN, René: Terre d’Espagne, París, 1895)

19/5/08

¿De Madrid al cielo?

A falta de ideas qué mejor que leer un poco en busca de inspiración. Copio los últimos versos del poema “El Castañar”, del gran poeta salmantino José María Gabriel y Galán:

Bejarano edén ameno:
¿qué es lo que no podrás dar,
si, para hacerte más bueno
puso el Señor en tu seno
la Virgen del Castañar?

Bejarano paraíso:
si el Cielo donarte quiso
ricos veneros tan bellos,
tu pueblo será preciso
que venga abrevarse en ellos.

¡Abre veneros tan sanos,
y tus cultos bejaranos
y tus lindas bejaranas
beban perfumes cristianos
disueltos en brisas sanas!

Y almas y cuerpos al par,
en salud podrán cantar
este su más dulce anhelo:
«¡De Béjar, al Castañar
y del Castañar, al Cielo!»

No era Gabriel y Galán de inventar ni plagiar expresiones. Por lo que deduzco que desde inciertos tiempos la expresión “del Castañar al Cielo” se repitió generación tras generación en aquellos parajes. Ya desde el principio alude a toda esta zona como un enclave excepcional:

Ved la verde maravilla
de belleza y de frescura
que puso Dios a la orilla
del desierto de Castilla
y el erial de Extremadura!

A la frescura de estos parajes bejaranos contribuye en gran medida el río Cuerpo de Hombre, que embellece las laderas a pesar de su homicida nombre. Y junto a él y sirviendo de excelente complemento, como bien cita Gabriel y Galán, frescas sombras, brisas sanas, espesuras, frondas y veneros. ¡Lástima de la aberración que están haciendo a la sierra con la estación invernal de la Cobatilla!

Con esto no quiero dudar que Madrid no fuera un bello vergel antes obtener la capitalidad y convertirse en la infecta cloaca que es hoy. Pero si comparamos ambos parajes no hay color. Así pues, no me queda sino despedirme con un:

¡del Castañar, al Cielo!